LA CHAQUETA METÁLICA
Año de Producción: 1987
Duración: 120´
FICHA TÉCNICA
Dirección Stanley Kubrick
Guion Stanley
Kubrick/Michael Herr/Gustav Hasford
Fotografía Douglas Milsome
Música Vivian
Kubrick
Producción Stanley Kubrick
INTERPRÉTES
Matthew Modine Recluta
Bufón
Arliss Howard Recluta Cowboy
Kevin Major Howard Recluta Rompetechos
Adam Baldwin Pedazo de animal
Dorian Harewood Ébano
Kevin Major Howard Recluta Rompetechos
R. Lee Ermey Sargento Hartman
Vincent D´Onofrio Recluta Patoso
Ed O´Ross Teniente
Touchdown
John Terry Teniente
Lockhart
SINOPSIS
Un grupo de jóvenes reclutas comienza su periodo de
instrucción en Parris Island donde durante varias semanas se les formará para
convertirles en rudos marines. Durante esta etapa estarán sometidos a las
órdenes y la tiranía del sargento instructor Hartman, quien hará especialmente
la vida imposible a uno de los reclutas, el apodado Patoso. Tal será el grado
de presión sufrida por el joven que desembocara en tragedia poco antes que el
resto de sus compañeros sean destinados a Vietnam en plena ofensiva
Norteamericana.
COMENTARIO
La chaqueta metálica, expresión con la que los marines
definen a los cartuchos de munición, es ante todo un alegato contra la guerra y
sus horrores, volviendo Stanley Kubrick a mostrarse tremendamente crítico y
contrario al estamento militar como ya hiciera exactamente treinta años atrás
con la magistral Senderos de gloria (1957). La película toma como fuente de inspiración
la novela que tiene mucho de autobiográfica de Gustav Hasford The Short-Timers,
tomando de esta manera el director como excusa para armar toda su crítica contra
el ejército al conflicto de Vietnam, fuente de varios títulos fundamentales
dentro del cine contemporáneo como son El cazador (1978), Apocalipsis Now
(1979) o Platoon (1986). Nos encontramos en esta ocasión con un Kubrick que
optaría por ofrecer una obra segmentada en dos partes claramente diferenciadas
e identificables, siendo su nexo de unión el personaje interpretado por Matthew
Modine.

Rodada en una zona en ruinas de Londres que iba a ser
demolida y que fue ambientada con palmeras importadas desde España para recrear
la ciudad vietnamita de Hue, Kubrick contó para hacer de extras con todos los
miembros de la comunidad asiática que residían en Londres que pudo contratar.
Para la artillería y armamento utilizado en la cinta Kubrick utilizó carros y
cañones cedidos por un coronel belga admirador del director así como artillería
adquirida a través de un traficante internacional. Todos estos esfuerzos quedan
perfectamente plasmados en pantalla resultando en una fiel recreación de la ofensiva
que es mostrada en la película.

La primera secuencia de La chaqueta metálica muestra a
los reclutas pasando por el barbero para que este les afeite la cabeza, una
primera escena donde Kubrick deja ya claro el efecto deshumanizador del
ejército, que despoja de esta manera de cualquier atisbo de personalidad a los
jóvenes alistados, a quienes pasará a tratar como objetos a los que modelar
logrando su deshumanización a través del odio y el acatamiento sistemático de
órdenes. Esta primera parte se sustenta en las largas peroratas lanzadas contra
los reclutas por el sargento Hartman, magistralmente interpretado por R. Lee
Ermey, quien de hecho improvisaría buena parte de estos largos monólogos en los
cuales somete a las mayores vejaciones a los hombres a su mando, además de
aislarse de manera consciente del resto de reparto para así, en el momento de
rodar sus secuencias, lograr aumentar el terror de los actores ante sus
ataques, llegando a provocar en el resto del equipo auténtico pánico ante su
sola presencia. Ermey, quien realmente
era sargento instructor del cuerpo de marines y que además fue destinado precisamente
en un destacamento en Vietnam, fraguaría una carrera paralela como actor en la
que sacaría partido principalmente a ese aspecto rudo y marcial que tan bien
representa, alcanzando con el título que nos ocupa su máximo reconocimiento,
llegando a ser nominado al Globo de Oro como Mejor Actor de Reparto y auto
parodiándose años más tarde en una de las secuencias de la estupenda cinta de
Peter Jackson Agárrame esos fantasmas (1996). Junto a Ermey, quien
prácticamente monopoliza las mejores secuencias de estos primeros cuarenta
minutos, no podemos dejar de citar a Vincent D´Onofrio, actor camaleónico ya
citado en el título anteriormente comentado de Aventuras en la gran ciudad
(1987), tan minucioso en la preparación de sus personajes que fue capaz de someterse
a un régimen que le ayudara a engordar los algo más de treinta kilogramos de
sobrepeso que luce en la cinta, modelando su figura para lograr dar vida con un
convencimiento absoluto al recluta patoso, figura en la que se apoya Kubrick
como ejemplo perfecto de esa idea de deshumanización sufrida por los cadetes,
llevando a un dramático y trágico extremo este proceso de conversión de un
grupo de muchachos en máquinas de matar.

La segunda parte utiliza un salto temporal y de
localización para situarnos de golpe y porrazo en pleno conflicto, con los
reclutas ya licenciados y colocados en el centro del horror, de manera que
seremos testigos de cómo se desintegra de forma tajante todo el misticismo
y épica de la guerra mostrándose como lo
que realmente es, una fuente de muerte, destrucción y situaciones que marcaran
el resto de la vida de quienes logren sobrevivir al conflicto. Kubrick adopta
un estilo cuasi documental para retratar la crudeza de los hechos narrados y
como es capaz de sacar lo peor del ser humano, que deja en el camino todo tipo
de valores para dejarse arrastrar por sus más bajas pasiones. No hay en este
sentido unos personajes por los que sintamos empatía, ya que la forma en que
son dibujados los hace figurar como un elemento más de tipo secundario ante la
verdadera protagonista de la película, la guerra. Es por ello que el casting
recurrió a actores desconocidos en su mayoría para interpretar a los diferentes
personajes que forman el batallón. Solo Matthew Modine se había fraguado cierto
prestigio interpretativo gracias a El hotel Hampshire (1984) o Birdy (1984).

Kubrick se apoya a la hora de mostrar las imágenes en una
banda sonora en la que combina clásicos de los sesenta como Hello Vietnam,
Wooly Bully, I like it like that, This boots are made for walking o Surfin bird
con un fondo musical compuesto ex profeso por la propia hija del director, y que
nos ofrece unos temas orquestales donde la compositora introduce en un
soniquete que torpedea nuestros oídos multitud de sonidos y chirridos que acompañan
las secuencias que muestran la
sangrienta ofensiva sobre el Têt.

Kubrick vuelve a brindar una nueva lección magistral
sobre el cine filmando una de las grandes películas bélicas de la historia y
demostrando la fijación del perfeccionista director por la guerra y sus
horrores, de los que ya había hablado en títulos anteriores como Fear and
Desire (1953), en la poderosa Senderos de gloria (1957) y que incluso se
atrevió a tratar desde el humor y la parodia con ¿Teléfono Rojo? Volamos había
Moscú (1964) y ante lo que solo podemos concluir una cosa. A Kubrick no le
gustaban los ejércitos y mucho menos las guerras.