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miércoles, 2 de septiembre de 2026

20. DENTRO DEL LABERINTO


DENTRO DEL LABERINTO

 

Año de Producción: 1986

Duración: 101´

FICHA TÉCNICA 


Dirección                Jim Henson
Guion                     Terry Jones
Fotografía              Alex Thompson
Música                   Trevor Jones
Producción             Eric Rattray

INTERPRÉTES

Jennifer Connelly        Sarah
David Bowie                Jareth
Toby Froud                  Toby
Rob Mills                      Ludo
Shari Weiser                Hoggle
Dave Goelz                  Didymus
Brian Henson               Hoggle/Goblin
Natalie Findland           Hada
Timothy Bateson          Gusano/Guardianes Puertas/Gobin
Frank Oz                      Sabio

SINOPSIS

Mientras cuida de su hermano pequeño y sobrepasada por las obligaciones que esta tarea conlleva, Sarah lanza un deseo un forma de proclama, que los Goblins se lleven al bebe de la casa. Pero estos seres escuchan las plegarias de la joven e inmediatamente secuestran al pequeño, quien es trasladado al castillo del rey de los Goblins. Desde ese mismo momento Sarah solo dispondrá de trece horas para atravesar un inhóspito laberinto que lleva hasta el lugar donde se encuentra su hermano para así poder rescatarlo antes que este acabe transformado en un duende para siempre.

COMENTARIO

El temprano fallecimiento de Jim Henson en 1990 dejaría a toda una generación huérfana de uno de los más talentosos e imaginativos creadores de historias, mundos y personajes de las últimas décadas. Y es que, además de revolucionar el mundo de las marionetas y posteriormente de los animatronicos, dotándolos de un dinamismo como nunca se había conseguido hasta ese momento y convirtiéndoles de hecho en unos protagonistas más de las historias en las que compartían escenario con actores de carne y hueso, así como regalarnos programas tan míticos e icónicos como Barrio Sésamo, Los Teleñecos, El cuentacuentos o Los Fraggel, Henson lograría con tan solo dos películas en su filmografía llevar en la década de los ochenta el género de la fantasía a un nivel superior, no solo por su capacidad y pericia técnica a la hora de dotar de vida propia a las decenas de marionetas que pululan por pantalla, sino por ser capaz en este caso de tomar universos tan particulares como los de la Alicia de Lewis Carroll, el Oz creado por Frank Baum así como los cuentos clásicos de autores como los Grimm, y adaptarlos a una nueva era, a un nuevo tipo de espectador. Pero es igualmente cierto que no podemos ceder todo el protagonismo a Henson a la hora de hablar de Dentro del laberinto como un título de culto, ya que para poder llevar adelante este ambicioso proyecto se rodearía de un grupo de colaboradores cuya suma de talentos daría como resultado una de las más redondas cintas de fantasía de la década de los ochenta. Así, Brian Froud, como ya hiciera en la anterior Cristal oscuro (1982), sería el encargado de crear a través de sus bocetos y dibujos todo el diseño conceptual de la película en su labor como director artístico de la misma. Además y como nota curiosa decir que el bebe que da vida al hermano pequeño de Sarah, la protagonista de la película, seria Toby Froud, hijo de Brian. Por su parte el ex Monty Python Terry Jones se encargaría de escribir un brillante guion que sufriría numerosas reescrituras posteriores, eliminado en el proceso buena parte de la carga más oscura que poseía el libreto original aunque sin abandonar del todo este tono más sombrío que pulula en torno a la aventura principal, lo mismo que desaparecerían parte de los acertijos creados para la película por el director de La vida de Brian (1979). Y para poder acabar de dar luz verde a un proyecto tan costoso como este, que contaría con un presupuesto de veinticinco millones de dólares, sería igualmente crucial la participación de George Lucas en el papel de productor ejecutivo, cuya presencia en el proyecto llevaría además, gracias a su empresa de efectos especiales Industrial Light and Magic, a crear unos títulos de crédito protagonizados por una lechuza generada completamente mediante computadora, además de incluir un par de efectos visuales más con morphing y que contrastan con el uso de unas técnicas por lo demás totalmente artesanales a pesar de contar con complicados animatronicos a la hora de dar vida a parte de las criaturas que vemos en pantalla.

Precisamente la creación e incorporación de toda esta legión de marionetas en pantalla, compartiendo constantemente secuencias junto a los dos intérpretes protagonistas, en algún caso además en escenas multitudinarias, generarían los mayores problemas creativos y de logística durante el proceso de filmación. Y es que había que coordinar la aparición en escena de criaturas que requerían en algunos casos de varias personas perfectamente coordinadas a la hora de darles vida, una organización milimétrica a la que sumar la labor del actor o actriz encargado de poner voz a la marioneta. La incorporación de todos estos personajes de fantasía llevaría a una preproducción de año y medio antes de iniciarse el rodaje de cara a poder crear a todos estos seres que pueblan la película. Todo este esfuerzo sin embargo derivaría en un resultado que acaba siendo sobresaliente, logrando dotar de vida a unas marionetas en principio inertes y logrando que el espectador no los vea como unos muñecos en movimiento, sino como unos personajes más dentro de la película con personalidad propia y lo que es más importante, con alma. Y no podemos igualmente no nombrar una colección de escenarios y decorados que son una auténtica maravilla y que recrean los diferentes paisajes y salas a lo largo de los cuales tiene lugar el viaje de Sarah en busca de su hermano pequeño. Lugares como el muro de manos, la ciudad de los Goblins, las escaleras imposibles o el pantano del hedor eterno son solo algunos ejemplos de una colección de soberbios decorados creados en los estudios Elstree y que son auténticas maravillas. Y es que para que nos hagamos una idea de la ardua labor de creación de estos emplazamientos, en el caso de la por otra parte enorme ciudad de los Goblins se utilizaría para recrear el fono de la villa el telón de fondo panorámico pintado más grande hasta ese momento. Esta labor tan minuciosa en la creación de escenarios consigue que la experiencia de visionado de la película sea aún más inmersiva y disfrutable para el espectador.

Pero a pesar de lograr animar, tal como apuntábamos con anterioridad, de manera sobresaliente a todas las marionetas y animatrónicos presentes en el set, Henson necesitaba de un par de actores de carne y hueso para tratar de no repetir el error de su anterior película, un Cristal oscuro donde el hecho de no contar con ningún intérprete humano y abordar toda la trama con el uso exclusivo de marionetas generó en el espectador en el momento de su estreno una desafección por la historia al no lograr empatizar con ninguno de los personajes protagonistas, lo que derivaría en un fracaso en taquilla de lo que por otra parte es igualmente una obra maestra en su género. Así, la película está protagonizada por una joven y bellísima Jenniffer Connelly, quien había debutado en la obra maestra Erase una vez en América (1984) protagonizando posteriormente en 1985 Phenomena de Dario Argento. La intérprete, quien contaba quince años en el momento de la filmación, resulta totalmente deliciosa en el papel de Sarah, emanando una dulzura, determinación y simpatía que enamoran y que logran la película funcione, dado que todo el peso de una aventura, que se reconoce inmediatamente como un camino del héroe la uso, recae sobre este personaje. Como antagonista y villano de la función, aunque suavizado sobre el rey de los Goblins inicialmente creado por Terry Jones, se contaría con un David Bowie quien sin embargo no fue la primera opción para los responsables de la película, quienes antes que en el pensaron en otros cantantes del momento como Michael Jackson o Sting. Bowie logra dotar a su personaje de todo ese glam y personalidad que el artista poseía sobre el escenario, componiendo además para la ocasión varias canciones que son interpretadas a lo largo de la película. Remarcar finalmente que entre la multitud de marionetistas y actores que daban vida a los diferentes personajes que aparecen a lo largo de la historia, podemos citar nombres muy conocidos acostumbrados a trabajar bajo ingentes capas de maquillaje, o dentro de famosas marionetas, como los de Warwick Davis (Wicket o Willow), Kenny Baker (R2D2) o Frank Oz (Yoda).

De esta manera, Dentro del laberinto, además de erigirse como una de las más imaginativas y fantásticas películas estrenadas a lo largo de la década de los ochenta, plagada de personajes para el recuerdo y escenarios mágicos, se manifiesta como una metáfora que habla del paso de la infancia a la madurez, de la capacidad de dejar atrás lo material para abrazar lo intangible, a la familia o a los amigos. En este sentido la película, que inunda el metraje de pistas sobre lo que va a suceder o lo que ha sucedido, especialmente si nos detenemos en examinar con profusión la habitación del personaje de Sarah, lleva a su protagonista a algo más que un viaje plagado de aventuras y retos, la enfrenta a sus propios miedos e inseguridades ayudándola a alcanzar un crecimiento personal que transforma a la niña frustrada y algo pueril que vemos en el comienzo, incapaz incluso de compartir sus peluches de la infancia, en toda una jovencita con la capacidad no solo de liderar al variopinto grupo que la acompaña hasta el castillo del rey de los Goblins, sino de enfrentarse a este sin temor alguno, todo por tratar de recuperar a un hermano al que hacía poco odiaba al considerarlo como fuente de todos sus males. O lo que es lo mismo, a través de la fantasía la protagonista confronta los miedos propios de su edad y de una nueva situación familiar. Esta idea presente en la película, remarcada por el hecho de poder anticipar buena parte de lo que va a acontecer una vez Sarah llegue al laberinto si nos detenemos a observar todos los elementos presentes en su habitación, nos llevan a pensar si la aventura ha sido real o si la ha vivido la protagonista únicamente en su cabeza alimentándola de sus propios recuerdos y vivencias. Y ahí está la capacidad del espectador a la hora de decidir, aunque servidor prefiere creer en la existencia de un mágico laberinto lleno de seres fantásticos.  

viernes, 1 de mayo de 2026

19. LA CHAQUETA METÁLICA

LA CHAQUETA METÁLICA

 

Año de Producción: 1987

Duración: 120´

FICHA TÉCNICA

 

Dirección                                 Stanley Kubrick

Guion                                      Stanley Kubrick/Michael Herr/Gustav Hasford

Fotografía                               Douglas Milsome

Música                                    Vivian Kubrick

Producción                             Stanley Kubrick

INTERPRÉTES

Matthew Modine                     Recluta Bufón
Arliss Howard                         Recluta Cowboy
Kevin Major Howard               Recluta Rompetechos
Adam Baldwin                        Pedazo de animal
Dorian Harewood                   Ébano
Kevin Major Howard               Recluta Rompetechos
R. Lee Ermey                         Sargento Hartman
Vincent D´Onofrio                   Recluta Patoso
Ed O´Ross                              Teniente Touchdown
John Terry                              Teniente Lockhart 

SINOPSIS

Un grupo de jóvenes reclutas comienza su periodo de instrucción en Parris Island donde durante varias semanas se les formará para convertirles en rudos marines. Durante esta etapa estarán sometidos a las órdenes y la tiranía del sargento instructor Hartman, quien hará especialmente la vida imposible a uno de los reclutas, el apodado Patoso. Tal será el grado de presión sufrida por el joven que desembocara en tragedia poco antes que el resto de sus compañeros sean destinados a Vietnam en plena ofensiva Norteamericana.

COMENTARIO

La chaqueta metálica, expresión con la que los marines definen a los cartuchos de munición, es ante todo un alegato contra la guerra y sus horrores, volviendo Stanley Kubrick a mostrarse tremendamente crítico y contrario al estamento militar como ya hiciera exactamente treinta años atrás con la magistral Senderos de gloria (1957). La película toma como fuente de inspiración la novela que tiene mucho de autobiográfica de Gustav Hasford The Short-Timers, tomando de esta manera el director como excusa para armar toda su crítica contra el ejército al conflicto de Vietnam, fuente de varios títulos fundamentales dentro del cine contemporáneo como son El cazador (1978), Apocalipsis Now (1979) o Platoon (1986). Nos encontramos en esta ocasión con un Kubrick que optaría por ofrecer una obra segmentada en dos partes claramente diferenciadas e identificables, siendo su nexo de unión el personaje interpretado por Matthew Modine.

Rodada en una zona en ruinas de Londres que iba a ser demolida y que fue ambientada con palmeras importadas desde España para recrear la ciudad vietnamita de Hue, Kubrick contó para hacer de extras con todos los miembros de la comunidad asiática que residían en Londres que pudo contratar. Para la artillería y armamento utilizado en la cinta Kubrick utilizó carros y cañones cedidos por un coronel belga admirador del director así como artillería adquirida a través de un traficante internacional. Todos estos esfuerzos quedan perfectamente plasmados en pantalla resultando en una fiel recreación de la ofensiva que es mostrada en la película.

La primera secuencia de La chaqueta metálica muestra a los reclutas pasando por el barbero para que este les afeite la cabeza, una primera escena donde Kubrick deja ya claro el efecto deshumanizador del ejército, que despoja de esta manera de cualquier atisbo de personalidad a los jóvenes alistados, a quienes pasará a tratar como objetos a los que modelar logrando su deshumanización a través del odio y el acatamiento sistemático de órdenes. Esta primera parte se sustenta en las largas peroratas lanzadas contra los reclutas por el sargento Hartman, magistralmente interpretado por R. Lee Ermey, quien de hecho improvisaría buena parte de estos largos monólogos en los cuales somete a las mayores vejaciones a los hombres a su mando, además de aislarse de manera consciente del resto de reparto para así, en el momento de rodar sus secuencias, lograr aumentar el terror de los actores ante sus ataques, llegando a provocar en el resto del equipo auténtico pánico ante su sola presencia.  Ermey, quien realmente era sargento instructor del cuerpo de marines y que además fue destinado precisamente en un destacamento en Vietnam, fraguaría una carrera paralela como actor en la que sacaría partido principalmente a ese aspecto rudo y marcial que tan bien representa, alcanzando con el título que nos ocupa su máximo reconocimiento, llegando a ser nominado al Globo de Oro como Mejor Actor de Reparto y auto parodiándose años más tarde en una de las secuencias de la estupenda cinta de Peter Jackson Agárrame esos fantasmas (1996). Junto a Ermey, quien prácticamente monopoliza las mejores secuencias de estos primeros cuarenta minutos, no podemos dejar de citar a Vincent D´Onofrio, actor camaleónico ya citado en el título anteriormente comentado de Aventuras en la gran ciudad (1987), tan minucioso en la preparación de sus personajes que fue capaz de someterse a un régimen que le ayudara a engordar los algo más de treinta kilogramos de sobrepeso que luce en la cinta, modelando su figura para lograr dar vida con un convencimiento absoluto al recluta patoso, figura en la que se apoya Kubrick como ejemplo perfecto de esa idea de deshumanización sufrida por los cadetes, llevando a un dramático y trágico extremo este proceso de conversión de un grupo de muchachos en máquinas de matar.

La segunda parte utiliza un salto temporal y de localización para situarnos de golpe y porrazo en pleno conflicto, con los reclutas ya licenciados y colocados en el centro del horror, de manera que seremos testigos de cómo se desintegra de forma tajante todo el misticismo y  épica de la guerra mostrándose como lo que realmente es, una fuente de muerte, destrucción y situaciones que marcaran el resto de la vida de quienes logren sobrevivir al conflicto. Kubrick adopta un estilo cuasi documental para retratar la crudeza de los hechos narrados y como es capaz de sacar lo peor del ser humano, que deja en el camino todo tipo de valores para dejarse arrastrar por sus más bajas pasiones. No hay en este sentido unos personajes por los que sintamos empatía, ya que la forma en que son dibujados los hace figurar como un elemento más de tipo secundario ante la verdadera protagonista de la película, la guerra. Es por ello que el casting recurrió a actores desconocidos en su mayoría para interpretar a los diferentes personajes que forman el batallón. Solo Matthew Modine se había fraguado cierto prestigio interpretativo gracias a El hotel Hampshire (1984) o Birdy (1984).

Kubrick se apoya a la hora de mostrar las imágenes en una banda sonora en la que combina clásicos de los sesenta como Hello Vietnam, Wooly Bully, I like it like that, This boots are made for walking o Surfin bird con un fondo musical compuesto ex profeso por la propia hija del director, y que nos ofrece unos temas orquestales donde la compositora introduce en un soniquete que torpedea nuestros oídos multitud de sonidos y chirridos que acompañan las secuencias que  muestran la sangrienta ofensiva sobre el Têt.

Kubrick vuelve a brindar una nueva lección magistral sobre el cine filmando una de las grandes películas bélicas de la historia y demostrando la fijación del perfeccionista director por la guerra y sus horrores, de los que ya había hablado en títulos anteriores como Fear and Desire (1953), en la poderosa Senderos de gloria (1957) y que incluso se atrevió a tratar desde el humor y la parodia con ¿Teléfono Rojo? Volamos había Moscú (1964) y ante lo que solo podemos concluir una cosa. A Kubrick no le gustaban los ejércitos y mucho menos las guerras.

lunes, 16 de marzo de 2026

18. MEMORIAS DE ÁFRICA

MEMORIAS DE ÁFRICA

 

Año de Producción: 1985

Duración: 161´

FICHA TÉCNICA

 

Dirección                     Sydney Pollack

Guion                          Kurt Luedtke

Fotografía                   David Watkin

Música                        John Barry

Producción                 Sydney Pollack/Kim Jorgensen

INTERPRÉTES

Meryl Streep                           Karen 

Robert Redford                       Denys

Klaus Maria Brandauer          Bror

Michael Kitchen                      Berkeley

Malick Bowens                       Farah             

Michael Gough                       Delamere

Suzanna Hamilton                  Felicity           

 

SINOPSIS

A comienzos del Siglo XX Karen Blixen contrae matrimonio de conveniencia con el Barón Blixen-Finecke, instalándose la pareja en una plantación en Kenia. Atrapada en una tierra desconocida para ella a la que sin embargo acabará amando y en un matrimonio completamente infeliz, la mujer conocerá a un aventurero apasionado por la libertad de quien se enamorara perdidamente, iniciándose entre ambos una relación movida por el amor y la pasión.

COMENTARIO

Además de ostentar una carrera como actriz que la ha llevado a los altares como una de las intérpretes más grandes de la historia del cine, Meryl Streep ha tenido la fortuna de protagonizar dos de las películas románticas contemporáneas más reconocidas y celebradas por el público y la crítica, abordándose además en ambos títulos el amor entre personajes maduros, lejos de esa pasión juvenil mucho más tratada en el cine. Una sería Los puentes de Madison, estrenada en 1995 y en la que compartiría pantalla con un Clint Eastwood que dejaría de lado sus papeles de tipo duro inmisericorde para encarnar a un hombre capaz de enamorarse y de sufrir por amor. Justo diez años antes la actriz participaría en uno de los títulos más laureados de la década de los ochenta, una de las películas más taquilleras del año y la gran triunfadora de los Oscar de esa edición, haciéndose nada menos que con siete estatuillas, entre ellos el de Mejor Película y Mejor Dirección. Y con Robert Redford como el cincuenta por ciento de esta pareja encumbrada como paradigma del amor en el cine. Y eso que ninguno de los dos eran los actores escogidos de inicio para dar vida a los protagonistas de esta historia basada en el relato autobiográfico de la auténtica Karen Blixen, una de esas personas que contravendría los estándares de la época para vivir una vida lejos de los estereotipos que se esperaban de una mujer como ella. Volviendo al casting principal, en el caso de Streep no la veían lo suficientemente atractiva para dar vida a la protagonista, en el caso de Redford su origen norteamericano no encajaba con la nacionalidad británica de su personaje. En el primero de los casos la actriz de El cazador (1978) se presentaría ante el director de la película vestida con un atrevido conjunto y un llamativo escote para convencerle de esta manera de que era la intérprete idónea para el papel, mientras que en el caso de Redford la solución fue bastante más sencilla y menos curiosa, decidiéndose cambiar el origen de su personaje. El resto es historia.    

Y es que el director de la película, un Sidney Pollack, director de películas como Danzad, danzad, malditos (1969), Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972) o La tapadera (1993) que venía del éxito que supuso Totsie en 1982, ya había trabajado con Redford en cinco ocasiones anteriores, por lo que no es de extrañar que el rubio actor se hiciera con un papel que ansiaba Jeremy Irons y que, más allá de su acento u origen parecía escrito para el intérprete de El jinete eléctrico (1979). Streep, quien si trabajaría de manera concienzuda su acento para asemejarlo lo más posible al de la auténtica Karen Blixen, conformaría junto a Redford una estupenda pareja cinematográfica, una de las más recordadas de la historia del cine, compartiendo secuencias hoy convertidas en paradigma cinematográfico como son el vuelo en avioneta atravesando paisajes y bandadas de flamencos entre otros animales o el momento en el que el personaje de él le lava el cabello de su enamorada junto al río, las cual además no estuvo exenta de peligro por la proximidad a la zona de filmación de un grupo de hipopótamos. Estas escenas deben mucho de su impronta a unas localizaciones excelentes y que llevarían a filmar numeroso metraje de la película en la misma Kenia, lo que si bien confiere a la película una enorme parte de su alma y esencia, acarrearía numerosos problemas logísticos y de rodaje debido al hecho de, por ejemplo, no poder utilizar armas de verdad durante la filmación o no poder rodar con animales en libertad, lo que obligaría a exportar desde Estados Unidos los leones necesarios para hacer frente a algunas de las escenas de la película.

Pero si hay un elemento a destacar por encima de interpretaciones, escenarios o historia y que conferiría a Memorias de África ese poso de película clásica desde el mismo momento de su estreno, esa es la soberbia banda sonora de un John Barry que, si bien no se encuentra de inicio entre los compositores de cabecera dentro del cine de los ochenta, sería responsable en aquellos años de la celebrada música de títulos tan reconocibles como Fuego en el cuerpo (1981), Cotton Club (1984) o las películas de la saga Bond dirigidas por John Glen, y que daría el pistoletazo de salida a los noventa con nada menos que la partitura musical de Bailando con lobos (1990). Y es que hablar de la banda sonora de Memorias de África es hablar de una de las bandas sonoras más reconocibles, importantes y emotivas de la historia del cine, con un tema central que todo el mundo conoce independientemente de que haya visto o no la película, y que es impensable no ligar a muchas de esas escenas icónicas brindadas por esta. Y es que, que esta historia de amor imposible pero apasionada pudiera quedar grabada a fuego en toda una generación de espectadores es gracias a una música que logra emocionar con solo oír sus primeros acordes, llegando a subyugar toda vez llega su leit motive central.

 

Por todo ello es difícil no encontrar a alguien criado en la década de los ochenta que no conozca Memorias de África, independientemente la haya visto o no, traspasando la película ese umbral que separa los grandes títulos de los iconos ochenteros que todo el mundo sitúa. Porque es posible que si empiezas esta frase muchos sepan a qué te estás refiriendo: “Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas del Ngong”.

martes, 27 de enero de 2026

17. GREMLINS


GREMLINS

 

Año de Producción: 1984

Duración: 126´

FICHA TÉCNICA

 

Dirección                     Joe Dante

Guion                          Chris Columbus

Fotografía                   John  Hora

Música                        Jerry Goldsmith

Producción                 Michael Finney

INTERPRÉTES

Zach Galligan             Billy Peltzer

Phoebe Cates             Kate Beringer

Hoyt Axton                  Randall Peltzer

Dick Miller                   Murray Futterman

Frances Lee McCain  Lynn Peltzer   

Corey Feldman           Pete Fountaine

Keye Luke                  Abuelo Chino

SINOPSIS

El señor Peltzer, un excéntrico inventor que no logra patentar ninguna de sus creaciones, recorre el barrio chino en busca de un regalo especial de Navidad para su hijo Billy. En una pequeña tienda oculta en un callejón encuentra una extraña criatura que el anciano dependiente no quiere vender bajo ningún concepto. Sin embargo, el nieto del dueño, ocultándoselo a su abuelo, accede finalmente a venderle el aparentemente inofensivo ser. Antes de irse con su nueva adquisición, el señor Peltzer recibe una advertencia en relación al cuidado del Mogwai, que así es como se llama su nueva mascota: No le des de comer después de medianoche, no lo mojes y evita que le dé la luz del sol.

COMENTARIO

Joe Dante, quien recibió su formación como director trabajando bajo el mecenazgo de Roger Corman, al igual que sucediera con muchos de los grandes directores surgidos en los setenta como Coppola, Scorsese, Bogdanovich o Cameron entre otros muchos, vivió durante la década de los ochenta su edad dorada como director de cine, rodando durante aquellos años los que serían los mayores éxitos de su carrera. De esta etapa son Aullidos (1981), Exploradores (1985), El chip prodigioso (1987) o el título a abordar, Gremlins. En este sentido, así como Spielberg tomó el apelativo del Rey Midas de Hollywood por su tendencia a encadenar éxito tras éxito, a Dante se le puede considerar el Rey Midas de la serie B. Y es que mientras que el director de E.T, el extraterrestre (1982) acostumbraba a manejar grandes presupuestos y a participar en rodajes plagados de estrellas, el director de Gremlins trabajaba con medios  más modestos pero igualmente efectivos. Valga como ejemplo de esta aseveración la propia Gremlins, que costando unos siete millones y medio de euros logró recaudar en cines quince veces su coste. De hecho, son varias las ocasiones en las cuales ambos directores colaborarían juntos, como sucede en el caso que nos ocupa, en el cual Spielberg, acompañado de sus inseparables Frank Marshall y Kathleen Kennedy, con quienes fundaría la productora Amblin Entertainment, la misma que usaba como logo la sombra de Elliot y E.T atravesando la luna en su bicicleta, actuó como productor ejecutivo.

La película conjuga y mezcla géneros como el terror con la comedia, aportando igualmente pinceladas en su trama de romanticismo y drama, todo ello en una excelente combinación que no afecta para nada al desarrollo de la historia y que permite puedan desarrollarse varias lecturas de la película. En ese sentido Dante se maneja a la perfección en este maremagno de ideas, siendo habitual en sus productos esa hábil mezcla de géneros, los cuales han dado como resultado un tipo de cine familiar que agrada por igual al público más joven y al más adulto. Como narrador de historias, el director oriundo de New Jersey fue uno de los mejores de la década de los ochenta, continuando en décadas posteriores manteniendo el listón alto aunque sin llegar al grado de excelencia de esta primera etapa. Y aunque Gremlins ha quedado marcado en el imaginario colectivo como un estupendo ejercicio de cine familiar no sería ese el propósito inicial, ya que el autor del guion, Chris Columbus, un peso pesado de la industria y responsable además de numerosos y notables guiones como los de Los goonies o El secreto de la pirámide así como director de Solo en casa (1990) y su secuela o las dos primeras entregas de la longeva saga sobre Harry Potter, había creado una historia mucho más oscura y con un evidente predominio del terror en su concepción inicial, una visión que se modificó con la irrupción de Spielberg en el proyecto, quien en aquel entonces estaba mucho más cómodo dentro de un cine menos oscuro y terrorífico.


Si Gremlins ha pasado a la historia del séptimo arte es gracias a la aparición en la película de las criaturas que dan título a la película y cuyo origen se remonta hasta la Segunda Guerra Mundial, cuándo el genial escritor infantil Roald Dahl, autor de James y el melocotón gigante, Charlie y la fábrica de chocolate o Matilda, escribió un relato en el cual estas criaturas de origen mitológico comenzaban destruyendo los aviones de los aliados ingleses por destruir sus bosques hasta finalmente ayudar a estos en la contienda contra Hitler. Este relato ya había inspirado de hecho el segmento de la adaptación cinematográfica de En los límites de la realidad (1983) en el cual John Lithgow viaja en avión y comprueba con horror que una extraña criatura está en el exterior saboteando el aparato en pleno vuelo y que se basaba a su vez en uno de los episodios de la serie de televisión del mismo nombre y concepto emitida en los sesenta., siendo curioso que en esta misma película participara el propio Joe Dante como director de otro de los episodios que conforman el largometraje. El diseño de estos icónicos personajes fue obra de Chris Walas, quien ya había trabajado con Dante en su exitosa Piraña (1978) y que se encargaría de dar vida posteriormente a La mosca del film homónimo de 1986 o a los extraterrestres de Enemigo mío (1985). El resultado no pudo ser mejor, logrando unos personajes entrañables a la par que terroríficos. Se diseñaron numerosas criaturas con diferentes características dentro de que pertenecían a la misma raza, unas marionetas de goma y plástico entre las que destacan por méritos propios los personajes de Gizmo, entrañable pero sin caer en la ñoñería, y Stripe, todo un villano de altura y contrapunto perfecto como némesis de Gizmo.

La cinta está protagonizada por Zach Galligan y Phoebe Cates, quienes no supieron aprovechar el tirón comercial de la cinta para encauzar sus respectivas carreras. En el caso de Galligan la saga Gremlins fue su único éxito comercial, encontrándose el resto de su carrera enmarcada en películas de serie B y trabajos para televisión. La bella Phoebe Cates tampoco dio mucho más que hablar pese a unos prometedores comienzos donde se dedicó a potenciar su lado más sensual en títulos como Paradise (1982), una especie de remedo del clásico de 1980 El lago azul en el cual Cates haría las veces de Brooke Shields o Aquel excitante curso (1982), interesante comedia juvenil que cuenta con un casting entre el cual asoman nombres como los de Sean Penn, Jennifer Jason Leighn, Forest Whitaker o Judge Reinhold. La actriz contraería matrimonio en 1989 con Kevin Kline, unión que a día de hoy se mantiene formando una de esas parejas rara avis de Hollywood precisamente por su estabilidad. Junto a la pareja protagonista podemos ver nombres como los de Corey Feldman, lanzado al estrellato ese mismo año gracias al éxito de Los Goonies o Dick Miller, un rostro habitual del cine de Dante, con quien trabajaría en prácticamente toda su filmografía.

El incontestable éxito de Gremlins generó una secuela en 1990 que sin llegar al nivel de obra maestra de su predecesora sí que supone una excelente continuación igualmente divertida, disfrutable y revisable. Amén de esta continuación oficial se generaría toda una corriente de sagas protagonizadas por seres parejos a los por otra parte inimitables Gremlins, de las cuales Critters es su mejor exponente, pero no el único. Así podemos encontrar a los Ghoulies, Munchies, Hobgoblins…todas ellas películas de marcada serie Z y donde la inteligente mezcla de géneros que podemos disfrutar en Gremlins dejaría paso a un tipo de cine de terror casposo y plano.

Gremlins ha pasado con el tiempo a convertirse en ese clásico que, como la sempiterna Que bello es vivir (1946), ha de ser revisionada todas las Navidades para deleite de la familia. Porque Gremlins es eso, una de esas cintas para ver y disfrutar en familia. Aunque siempre haciendo caso de tres reglas básicas.

martes, 11 de noviembre de 2025

16. INDIANA JONES Y LA ÚLTIMA CRUZADA

INDIANA JONES Y LA ÚLTIMA CRUZADA


Año de Producción: 1984

Duración: 126´

FICHA TÉCNICA


Dirección                                 Steven Spielberg

Guion                                      Jeffrey Boam

Fotografía                               Douglas Slocombe

Música                                    John Williams

Producción                             Robert Watts

INTERPRÉTES

Harrison Ford                         Indiana Jones
Sean Connery                        Henry Jones
Denholm Elliott                       Marcus Brody
Alison Doody                          Elsa Schneider
John Rhys-Davies                  Sallah
Julian Glover                          Walter Donovan
River Phoenix                         Indiana Jones joven
Michael Byrne                         General Vogel

SINOPSIS

El arqueólogo Indiana Jones es contratado por el magnate Walter Donovan para que localice el Santo Grial, el cáliz usado por Jesucristo durante la Última Cena y que según cuenta la leyenda posee el poder de volver inmortal a quien beba de él. Indiana rechaza de inicio el encargo desconfiado ante la historia narrada, pero cambiará radicalmente de opinión cuándo le comuniquen que su padre, Henry Jones, que al igual que él es arqueólogo y profesor, desapareció misteriosamente mientras buscaba dicha reliquia.

COMENTARIO

Tercera entrega de la archiconocida saga creada a cuatro manos por George Lucas y Steven Spielberg, y que tras el interludio de Indiana Jones y el templo maldito (1984) vuelve sobre los pasos marcados por la primera entrega, En busca del arca perdida (1981). Así, Indiana vuelve a fijar su objetivo sobre una reliquia de tintes religiosos,  en la anterior ocasión lo fue el Arca de la Alianza, reencontrándose durante su travesía con varios de los personajes principales que vieran la luz en 1981 así como recuperando a los nazis como enemigos y competidores a la hora de hacerse con tal preciado botín. Pero quien piense nos encontramos ante un refrito de lo ya visto en la primera entrega está completamente equivocado, ya que la película contiene los suficientes elementos de interés y novedades como para volver a ofrecer un espectáculo cinematográfico de primer orden.

La película se inicia, como sucedía en los dos títulos anteriores siendo esta una de las marcas de la franquicia, con un prólogo de altura que narra toda una aventura completa independiente de la trama central. Pero en esta ocasión sirve además para mostrar en dicho preludio como adquiría el personaje central muchas de sus  señas de identidad. De esta manera, un joven Indiana Jones interpretado por el malogrado River Phoenix, nos muestra en dicha aventura como se hace con varios de sus afiches más representativos como son el sombrero de aventurero que le acompaña en todas sus aventuras o el látigo, conoceremos también el origen de su fobia por las serpientes así como el episodio por el cual acabaría con la barbilla marcada con una particular cicatriz. Y por si todo ello no fuera poco se presentará ante el espectador la figura de su padre, fundamental no solo dentro de la presente película sino como referente para entender toda la forma de ser y comportarse de Indiana. Y todo ello en apenas quince minutos de auténtico vértigo que suponen todo un excelente aperitivo de lo que está por venir.

La historia prosigue con la inevitable presentación de los nuevos personajes y del eje central sobre el que se desarrollará la trama, demostrando Spielberg no solamente que es un genio recreando secuencias espectaculares, las cuales llegaran más avanzada la película y con esa expresión tan circense de más difícil todavía como todo un principio a la hora de abordar las secuencias de acción, sino que deja patente que es igualmente un maestro a la hora de manejar los tiempos de una película, manteniendo un excelente tempo narrativo de inicio a fin y sin una sola secuencia que sobre o que resulte innecesaria, y eso que hablamos de una película que supera las dos horas de metraje, tiempo durante el cual habrá lugar para disfrutar de persecuciones, trampas, situaciones más ligeras impregnadas de un humor socarrón y mordaz y como no podía ser de otra manera tratándose del bueno de Indy, para el amor.

Harrison Ford continua resultando excelente en su papel de Indiana, aportando toda esa vis canalla y encantadora que tan bien sentaran a la hora de definir las bases del personaje en su primera aparición cinematográfica, manteniendo el actor de La guerra de las galaxias (1977) un nivel físico envidiable que le permitiría rodar buena parte de sus secuencias de acción de la película, y eso que contaba ya con cerca de cincuenta años en el momento del rodaje. Junto al actor principal de toda la saga y como uno de los mayores reclamos de la película  la posibilidad de poder disfrutar de un Sean Connery en auténtico estado de gracia interpretando al padre del arqueólogo, personaje basado a su vez en el propio progenitor de Spielberg. Ambos  actores nos obsequian de esta manera en aquellas escenas en las que comparten plano con las mejores secuencias de toda la película, como el momento en que  anudados juntos tratan de huir de una sala en llamas, resultando sin embargo curioso el hecho que Connery era tan solo doce años mayor que Ford, lo que evidenciaba por lo tanto la imposibilidad a niveles racionales de que pudiera ser realmente su padre, idea que sería eludida gracias a la magia del cine. Junto a la estupenda pareja encontramos a varios de los actores que participaran en la película originaria de la saga, como Denholm Elliot en uno de sus últimos papeles antes de fallecer apenas tres años más tarde como consecuencia de haber contraído el SIDA, quien interpreta a un despistado y cómico Marcus Brody en contraposición con la mayor seriedad de ese mismo rol en la entrega filmada ocho años atrás, así como volvemos a ver a John Rhys-Davies en el papel del afable Sallah. De esta manera se potenciaba la idea de continuidad de esta tercera entrega con En busca del arca perdida después que Spielberg quisiera dar a los aficionados una auténtica secuela de esta tras la ruptura narrativa y conceptual que supuso Indiana Jones y el templo maldito respecto tanto al fondo como a la forma de la cinta original. Como partenaire de Indiana y leit motive amoroso de la historia la película contó con una desconocida Alison Doody, quien borda su papel de mujer dura, fría y sin escrúpulos que sin embargo no puede evitar caer rendida a los pies de nuestro héroe, mejor dicho, de nuestros héroes. Doody apenas se prodigaría en el medio a pesar de haber participado en un mega éxito como el presente, rechazando inclusive participar en la trilogía sobre El señor de los anillos encarnando a Éowyn.


El éxito de la película sería brutal, con una recaudación total de cerca de cuatrocientos millones de euros de la época, demostrando los aficionados que todavía estaban ávidos de aventuras protagonizadas por Indiana Jones, lo que animaría en este caso a George Lucas a llevar adelante un proyecto que llevaba largo tiempo barruntando y consistente en mostrar al personaje de Indiana en una faceta educativa, pudiendo inculcar ciertos conocimientos generales simultáneamente a la presentación de las aventuras vividas por el personaje en su juventud. El resultado, la notable Las aventuras del joven Indiana Jones, que se mantendría en antena durante veintidós episodios y por cuya serie pasarían nombres tan importantes a nivel interpretativo y de dirección como los de Max Von Sydow, Christopher Lee, Billie August o Mike Newell entre otros muchos. Más adelante llegarían una cuarta y quinta película sobre el personaje, las cuales adolecen del tiempo transcurrido entre película y película debido entre otros problemas a desavenencias creativas entre Spielberg y Lucas, casi veinte años para ver en pantalla Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, la más floja de la saga, y más de treinta para una Indiana Jones y el dial del destino que si bien recupera en parte la esencia de la trilogía inicial, en especial de la primera y tercera entregas, ya contaría con un Harrison Ford excesivamente mayor para el papel de Indiana Jones. Las décadas transcurridas harían además perder a la franquicia esa aura tan ochentera de las tres primeras entregas, ya que en todos los años transcurridos la forma de rodar y ver el cine había cambiado sustancialmente. Nos quedamos de esta manera con una trilogía que con este Indiana Jones y la última cruzada mantiene ese aura de misticismo y cine de aventuras presente en la genial En busca del arca perdida, sin ningún tipo de complejos y casi a la altura de la primera película de una de las más grandes sagas cinematográficas de todos los tiempos.