miércoles, 2 de septiembre de 2026

20. DENTRO DEL LABERINTO


DENTRO DEL LABERINTO

 

Año de Producción: 1986

Duración: 101´

FICHA TÉCNICA 


Dirección                Jim Henson
Guion                     Terry Jones
Fotografía              Alex Thompson
Música                   Trevor Jones
Producción             Eric Rattray

INTERPRÉTES

Jennifer Connelly        Sarah
David Bowie                Jareth
Toby Froud                  Toby
Rob Mills                      Ludo
Shari Weiser                Hoggle
Dave Goelz                  Didymus
Brian Henson               Hoggle/Goblin
Natalie Findland           Hada
Timothy Bateson          Gusano/Guardianes Puertas/Gobin
Frank Oz                      Sabio

SINOPSIS

Mientras cuida de su hermano pequeño y sobrepasada por las obligaciones que esta tarea conlleva, Sarah lanza un deseo un forma de proclama, que los Goblins se lleven al bebe de la casa. Pero estos seres escuchan las plegarias de la joven e inmediatamente secuestran al pequeño, quien es trasladado al castillo del rey de los Goblins. Desde ese mismo momento Sarah solo dispondrá de trece horas para atravesar un inhóspito laberinto que lleva hasta el lugar donde se encuentra su hermano para así poder rescatarlo antes que este acabe transformado en un duende para siempre.

COMENTARIO

El temprano fallecimiento de Jim Henson en 1990 dejaría a toda una generación huérfana de uno de los más talentosos e imaginativos creadores de historias, mundos y personajes de las últimas décadas. Y es que, además de revolucionar el mundo de las marionetas y posteriormente de los animatronicos, dotándolos de un dinamismo como nunca se había conseguido hasta ese momento y convirtiéndoles de hecho en unos protagonistas más de las historias en las que compartían escenario con actores de carne y hueso, así como regalarnos programas tan míticos e icónicos como Barrio Sésamo, Los Teleñecos, El cuentacuentos o Los Fraggel, Henson lograría con tan solo dos películas en su filmografía llevar en la década de los ochenta el género de la fantasía a un nivel superior, no solo por su capacidad y pericia técnica a la hora de dotar de vida propia a las decenas de marionetas que pululan por pantalla, sino por ser capaz en este caso de tomar universos tan particulares como los de la Alicia de Lewis Carroll, el Oz creado por Frank Baum así como los cuentos clásicos de autores como los Grimm, y adaptarlos a una nueva era, a un nuevo tipo de espectador. Pero es igualmente cierto que no podemos ceder todo el protagonismo a Henson a la hora de hablar de Dentro del laberinto como un título de culto, ya que para poder llevar adelante este ambicioso proyecto se rodearía de un grupo de colaboradores cuya suma de talentos daría como resultado una de las más redondas cintas de fantasía de la década de los ochenta. Así, Brian Froud, como ya hiciera en la anterior Cristal oscuro (1982), sería el encargado de crear a través de sus bocetos y dibujos todo el diseño conceptual de la película en su labor como director artístico de la misma. Además y como nota curiosa decir que el bebe que da vida al hermano pequeño de Sarah, la protagonista de la película, seria Toby Froud, hijo de Brian. Por su parte el ex Monty Python Terry Jones se encargaría de escribir un brillante guion que sufriría numerosas reescrituras posteriores, eliminado en el proceso buena parte de la carga más oscura que poseía el libreto original aunque sin abandonar del todo este tono más sombrío que pulula en torno a la aventura principal, lo mismo que desaparecerían parte de los acertijos creados para la película por el director de La vida de Brian (1979). Y para poder acabar de dar luz verde a un proyecto tan costoso como este, que contaría con un presupuesto de veinticinco millones de dólares, sería igualmente crucial la participación de George Lucas en el papel de productor ejecutivo, cuya presencia en el proyecto llevaría además, gracias a su empresa de efectos especiales Industrial Light and Magic, a crear unos títulos de crédito protagonizados por una lechuza generada completamente mediante computadora, además de incluir un par de efectos visuales más con morphing y que contrastan con el uso de unas técnicas por lo demás totalmente artesanales a pesar de contar con complicados animatronicos a la hora de dar vida a parte de las criaturas que vemos en pantalla.

Precisamente la creación e incorporación de toda esta legión de marionetas en pantalla, compartiendo constantemente secuencias junto a los dos intérpretes protagonistas, en algún caso además en escenas multitudinarias, generarían los mayores problemas creativos y de logística durante el proceso de filmación. Y es que había que coordinar la aparición en escena de criaturas que requerían en algunos casos de varias personas perfectamente coordinadas a la hora de darles vida, una organización milimétrica a la que sumar la labor del actor o actriz encargado de poner voz a la marioneta. La incorporación de todos estos personajes de fantasía llevaría a una preproducción de año y medio antes de iniciarse el rodaje de cara a poder crear a todos estos seres que pueblan la película. Todo este esfuerzo sin embargo derivaría en un resultado que acaba siendo sobresaliente, logrando dotar de vida a unas marionetas en principio inertes y logrando que el espectador no los vea como unos muñecos en movimiento, sino como unos personajes más dentro de la película con personalidad propia y lo que es más importante, con alma. Y no podemos igualmente no nombrar una colección de escenarios y decorados que son una auténtica maravilla y que recrean los diferentes paisajes y salas a lo largo de los cuales tiene lugar el viaje de Sarah en busca de su hermano pequeño. Lugares como el muro de manos, la ciudad de los Goblins, las escaleras imposibles o el pantano del hedor eterno son solo algunos ejemplos de una colección de soberbios decorados creados en los estudios Elstree y que son auténticas maravillas. Y es que para que nos hagamos una idea de la ardua labor de creación de estos emplazamientos, en el caso de la por otra parte enorme ciudad de los Goblins se utilizaría para recrear el fono de la villa el telón de fondo panorámico pintado más grande hasta ese momento. Esta labor tan minuciosa en la creación de escenarios consigue que la experiencia de visionado de la película sea aún más inmersiva y disfrutable para el espectador.

Pero a pesar de lograr animar, tal como apuntábamos con anterioridad, de manera sobresaliente a todas las marionetas y animatrónicos presentes en el set, Henson necesitaba de un par de actores de carne y hueso para tratar de no repetir el error de su anterior película, un Cristal oscuro donde el hecho de no contar con ningún intérprete humano y abordar toda la trama con el uso exclusivo de marionetas generó en el espectador en el momento de su estreno una desafección por la historia al no lograr empatizar con ninguno de los personajes protagonistas, lo que derivaría en un fracaso en taquilla de lo que por otra parte es igualmente una obra maestra en su género. Así, la película está protagonizada por una joven y bellísima Jenniffer Connelly, quien había debutado en la obra maestra Erase una vez en América (1984) protagonizando posteriormente en 1985 Phenomena de Dario Argento. La intérprete, quien contaba quince años en el momento de la filmación, resulta totalmente deliciosa en el papel de Sarah, emanando una dulzura, determinación y simpatía que enamoran y que logran la película funcione, dado que todo el peso de una aventura, que se reconoce inmediatamente como un camino del héroe la uso, recae sobre este personaje. Como antagonista y villano de la función, aunque suavizado sobre el rey de los Goblins inicialmente creado por Terry Jones, se contaría con un David Bowie quien sin embargo no fue la primera opción para los responsables de la película, quienes antes que en el pensaron en otros cantantes del momento como Michael Jackson o Sting. Bowie logra dotar a su personaje de todo ese glam y personalidad que el artista poseía sobre el escenario, componiendo además para la ocasión varias canciones que son interpretadas a lo largo de la película. Remarcar finalmente que entre la multitud de marionetistas y actores que daban vida a los diferentes personajes que aparecen a lo largo de la historia, podemos citar nombres muy conocidos acostumbrados a trabajar bajo ingentes capas de maquillaje, o dentro de famosas marionetas, como los de Warwick Davis (Wicket o Willow), Kenny Baker (R2D2) o Frank Oz (Yoda).

De esta manera, Dentro del laberinto, además de erigirse como una de las más imaginativas y fantásticas películas estrenadas a lo largo de la década de los ochenta, plagada de personajes para el recuerdo y escenarios mágicos, se manifiesta como una metáfora que habla del paso de la infancia a la madurez, de la capacidad de dejar atrás lo material para abrazar lo intangible, a la familia o a los amigos. En este sentido la película, que inunda el metraje de pistas sobre lo que va a suceder o lo que ha sucedido, especialmente si nos detenemos en examinar con profusión la habitación del personaje de Sarah, lleva a su protagonista a algo más que un viaje plagado de aventuras y retos, la enfrenta a sus propios miedos e inseguridades ayudándola a alcanzar un crecimiento personal que transforma a la niña frustrada y algo pueril que vemos en el comienzo, incapaz incluso de compartir sus peluches de la infancia, en toda una jovencita con la capacidad no solo de liderar al variopinto grupo que la acompaña hasta el castillo del rey de los Goblins, sino de enfrentarse a este sin temor alguno, todo por tratar de recuperar a un hermano al que hacía poco odiaba al considerarlo como fuente de todos sus males. O lo que es lo mismo, a través de la fantasía la protagonista confronta los miedos propios de su edad y de una nueva situación familiar. Esta idea presente en la película, remarcada por el hecho de poder anticipar buena parte de lo que va a acontecer una vez Sarah llegue al laberinto si nos detenemos a observar todos los elementos presentes en su habitación, nos llevan a pensar si la aventura ha sido real o si la ha vivido la protagonista únicamente en su cabeza alimentándola de sus propios recuerdos y vivencias. Y ahí está la capacidad del espectador a la hora de decidir, aunque servidor prefiere creer en la existencia de un mágico laberinto lleno de seres fantásticos.  

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