DENTRO DEL LABERINTO
Año de Producción: 1986
Duración: 101´
FICHA TÉCNICA
INTERPRÉTES
SINOPSIS
Mientras cuida de su hermano pequeño y sobrepasada por las obligaciones que esta tarea conlleva, Sarah lanza un deseo un forma de proclama, que los Goblins se lleven al bebe de la casa. Pero estos seres escuchan las plegarias de la joven e inmediatamente secuestran al pequeño, quien es trasladado al castillo del rey de los Goblins. Desde ese mismo momento Sarah solo dispondrá de trece horas para atravesar un inhóspito laberinto que lleva hasta el lugar donde se encuentra su hermano para así poder rescatarlo antes que este acabe transformado en un duende para siempre.
COMENTARIO
El temprano fallecimiento de Jim Henson en 1990 dejaría a
toda una generación huérfana de uno de los más talentosos e imaginativos
creadores de historias, mundos y personajes de las últimas décadas. Y es que,
además de revolucionar el mundo de las marionetas y posteriormente de los
animatronicos, dotándolos de un dinamismo como nunca se había conseguido hasta
ese momento y convirtiéndoles de hecho en unos protagonistas más de las historias
en las que compartían escenario con actores de carne y hueso, así como
regalarnos programas tan míticos e icónicos como Barrio Sésamo, Los Teleñecos,
El cuentacuentos o Los Fraggel, Henson lograría con tan solo dos películas en
su filmografía llevar en la década de los ochenta el género de la fantasía a un
nivel superior, no solo por su capacidad y pericia técnica a la hora de dotar
de vida propia a las decenas de marionetas que pululan por pantalla, sino por
ser capaz en este caso de tomar universos tan particulares como los de la
Alicia de Lewis Carroll, el Oz creado por Frank Baum así como los cuentos
clásicos de autores como los Grimm, y adaptarlos a una nueva era, a un nuevo
tipo de espectador. Pero es igualmente cierto que no podemos ceder todo el
protagonismo a Henson a la hora de hablar de Dentro del laberinto como un
título de culto, ya que para poder llevar adelante este ambicioso proyecto se
rodearía de un grupo de colaboradores cuya suma de talentos daría como
resultado una de las más redondas cintas de fantasía de la década de los
ochenta. Así, Brian Froud, como ya hiciera en la anterior Cristal oscuro
(1982), sería el encargado de crear a través de sus bocetos y dibujos todo el
diseño conceptual de la película en su labor como director artístico de la
misma. Además y como nota curiosa decir que el bebe que da vida al hermano
pequeño de Sarah, la protagonista de la película, seria Toby Froud, hijo de
Brian. Por su parte el ex Monty Python Terry Jones se encargaría de escribir un
brillante guion que sufriría numerosas reescrituras posteriores, eliminado en
el proceso buena parte de la carga más oscura que poseía el libreto original
aunque sin abandonar del todo este tono más sombrío que pulula en torno a la
aventura principal, lo mismo que desaparecerían parte de los acertijos creados para
la película por el director de La vida de Brian (1979). Y para poder acabar de dar
luz verde a un proyecto tan costoso como este, que contaría con un presupuesto
de veinticinco millones de dólares, sería igualmente crucial la participación
de George Lucas en el papel de productor ejecutivo, cuya presencia en el
proyecto llevaría además, gracias a su empresa de efectos especiales Industrial
Light and Magic, a crear unos títulos de crédito protagonizados por una lechuza
generada completamente mediante computadora, además de incluir un par de
efectos visuales más con morphing y que contrastan con el uso de unas técnicas
por lo demás totalmente artesanales a pesar de contar con complicados
animatronicos a la hora de dar vida a parte de las criaturas que vemos en
pantalla.
Precisamente la creación e incorporación de toda esta
legión de marionetas en pantalla, compartiendo constantemente secuencias junto
a los dos intérpretes protagonistas, en algún caso además en escenas
multitudinarias, generarían los mayores problemas creativos y de logística durante
el proceso de filmación. Y es que había que coordinar la aparición en escena de
criaturas que requerían en algunos casos de varias personas perfectamente
coordinadas a la hora de darles vida, una organización milimétrica a la que
sumar la labor del actor o actriz encargado de poner voz a la marioneta. La
incorporación de todos estos personajes de fantasía llevaría a una
preproducción de año y medio antes de iniciarse el rodaje de cara a poder crear
a todos estos seres que pueblan la película. Todo este esfuerzo sin embargo
derivaría en un resultado que acaba siendo sobresaliente, logrando dotar de
vida a unas marionetas en principio inertes y logrando que el espectador no los
vea como unos muñecos en movimiento, sino como unos personajes más dentro de la
película con personalidad propia y lo que es más importante, con alma. Y no
podemos igualmente no nombrar una colección de escenarios y decorados que son
una auténtica maravilla y que recrean los diferentes paisajes y salas a lo
largo de los cuales tiene lugar el viaje de Sarah en busca de su hermano
pequeño. Lugares como el muro de manos, la ciudad de los Goblins, las escaleras
imposibles o el pantano del hedor eterno son solo algunos ejemplos de una
colección de soberbios decorados creados en los estudios Elstree y que son
auténticas maravillas. Y es que para que nos hagamos una idea de la ardua labor
de creación de estos emplazamientos, en el caso de la por otra parte enorme ciudad
de los Goblins se utilizaría para recrear el fono de la villa el telón de fondo
panorámico pintado más grande hasta ese momento. Esta labor tan minuciosa en la
creación de escenarios consigue que la experiencia de visionado de la película
sea aún más inmersiva y disfrutable para el espectador.
Pero a pesar de lograr animar, tal como apuntábamos con
anterioridad, de manera sobresaliente a todas las marionetas y animatrónicos
presentes en el set, Henson necesitaba de un par de actores de carne y hueso
para tratar de no repetir el error de su anterior película, un Cristal oscuro
donde el hecho de no contar con ningún intérprete humano y abordar toda la
trama con el uso exclusivo de marionetas generó en el espectador en el momento
de su estreno una desafección por la historia al no lograr empatizar con
ninguno de los personajes protagonistas, lo que derivaría en un fracaso en
taquilla de lo que por otra parte es igualmente una obra maestra en su género.
Así, la película está protagonizada por una joven y bellísima Jenniffer
Connelly, quien había debutado en la obra maestra Erase una vez en América
(1984) protagonizando posteriormente en 1985 Phenomena de Dario Argento. La
intérprete, quien contaba quince años en el momento de la filmación, resulta
totalmente deliciosa en el papel de Sarah, emanando una dulzura, determinación
y simpatía que enamoran y que logran la película funcione, dado que todo el
peso de una aventura, que se reconoce inmediatamente como un camino del héroe
la uso, recae sobre este personaje. Como antagonista y villano de la función,
aunque suavizado sobre el rey de los Goblins inicialmente creado por Terry
Jones, se contaría con un David Bowie quien sin embargo no fue la primera
opción para los responsables de la película, quienes antes que en el pensaron
en otros cantantes del momento como Michael Jackson o Sting. Bowie logra dotar
a su personaje de todo ese glam y personalidad que el artista poseía sobre el
escenario, componiendo además para la ocasión varias canciones que son
interpretadas a lo largo de la película. Remarcar finalmente que entre la
multitud de marionetistas y actores que daban vida a los diferentes personajes
que aparecen a lo largo de la historia, podemos citar nombres muy conocidos
acostumbrados a trabajar bajo ingentes capas de maquillaje, o dentro de famosas
marionetas, como los de Warwick Davis (Wicket o Willow), Kenny Baker (R2D2) o
Frank Oz (Yoda).
De esta manera, Dentro del laberinto, además de erigirse
como una de las más imaginativas y fantásticas películas estrenadas a lo largo
de la década de los ochenta, plagada de personajes para el recuerdo y escenarios
mágicos, se manifiesta como una metáfora que habla del paso de la infancia a la
madurez, de la capacidad de dejar atrás lo material para abrazar lo intangible,
a la familia o a los amigos. En este sentido la película, que inunda el metraje
de pistas sobre lo que va a suceder o lo que ha sucedido, especialmente si nos
detenemos en examinar con profusión la habitación del personaje de Sarah, lleva
a su protagonista a algo más que un viaje plagado de aventuras y retos, la enfrenta
a sus propios miedos e inseguridades ayudándola a alcanzar un crecimiento
personal que transforma a la niña frustrada y algo pueril que vemos en el comienzo,
incapaz incluso de compartir sus peluches de la infancia, en toda una jovencita
con la capacidad no solo de liderar al variopinto grupo que la acompaña hasta
el castillo del rey de los Goblins, sino de enfrentarse a este sin temor alguno,
todo por tratar de recuperar a un hermano al que hacía poco odiaba al considerarlo
como fuente de todos sus males. O lo que es lo mismo, a través de la fantasía
la protagonista confronta los miedos propios de su edad y de una nueva
situación familiar. Esta idea presente en la película, remarcada por el hecho
de poder anticipar buena parte de lo que va a acontecer una vez Sarah llegue al
laberinto si nos detenemos a observar todos los elementos presentes en su
habitación, nos llevan a pensar si la aventura ha sido real o si la ha vivido
la protagonista únicamente en su cabeza alimentándola de sus propios recuerdos
y vivencias. Y ahí está la capacidad del espectador a la hora de decidir,
aunque servidor prefiere creer en la existencia de un mágico laberinto lleno de
seres fantásticos.





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