domingo, 2 de agosto de 2026

20. LOS SEÑORES DEL ACERO


LOS SEÑORES DEL ACERO

 

Año de Producción: 1985

Duración: 127´


FICHA TÉCNICA

Dirección                                Paul Verhoeven
Guion                                      Paul Verhoeven/Gerard Soeteman
Fotografía                               Jan De Bont
Música                                    Basil Poledouris
Producción                              Gijs Versluys 

INTERPRÉTES

Rutger Hauer                          Martin
Jennifer Jason Leigh              Agnes
Tom Burlinson                        Steven
Jack Thompson                      Hawkwood
Fernando Hilbeck                   Arnolfini
Susan Tyrrell                          Celine
Brion James                           Karsthans
Simon Andreu                         Miel
Bruno Kirby                             Orbec

SINOPSIS

Un ejército de mercenarios ataca y asedia una ciudad para devolvérsela a Arnolfini, su antiguo gobernante. Una vez recuperada la fortaleza este traiciona el pacto que tenía con los soldados por el cual les permitiría saquear la ciudad durante un día entero logrando echarles al otro lado de las murallas sin darles su recompensa. Antes de abandonar el lugar el grupo de mercenarios como represalia secuestra a Agnes, prometida del hijo de Arnolfini. Desamparados y sin saber dónde ir, el hallazgo de una figura de San Martín se convertirá en la clave a la hora de decidir el camino a seguir y con ello el destino del grupo de mercenarios.

COMENTARIO

Primera película con producción norteamericana, aunque se tratara de una coproducción entre varios países, rodada por el  holandés Paul Verhoeven, la cual fue filmada en su totalidad en España aprovechando la cantidad de castillos y demás restos históricos que pueblan la península, siendo en concreto Ávila y sus murallas las que representaran a la perfección los escenarios de la cinta amén de hallar igualmente ambientación en ciudades como Belmonte o Cáceres. Ante estos escenarios se recrea una Edad Media alejada del romanticismo de títulos pretéritos y donde Verhoeven se acerca a una versión más realista, degradada y sucia de lo que en realidad fue esa época histórica, lo que le permite conjugar dos de sus constantes cinematográficas, el sexo y la violencia, mostrados ambos sin tapujos ni ambigüedades y con una carga de realismo lejana de epopeyas más sentimentalistas y metafóricas.

La película no dirime en ningún momento entre héroes y villanos, presentando a todos y cada uno de los personajes que desfilan por la cinta como seres amorales, egoístas y que actúan por puro interés e instinto. Solo Hawkwood encuentra la redención tras una vida de pecado y muerte tras atacar y herir gravemente por error a una monja. En este sentido el fervor religioso también es uno de los puntales de la historia, ya que todos los actos llevados a cabo por el grupo de protagonistas están regidos por la casualidad a la hora de encontrar una figura de San Martín de Tours, apoyándose en un ficticio designio divino para justificar la toma de decisiones en su devenir tras ser expulsados de la ciudad gobernada por Arnolfini. Verhoeven contrapone de esta manera los dos mundos que en aquel momento histórico se encontraban en pleno litigio, el supersticioso y analfabeto propio de la Edad Media con el más erudito y  desarrollado del Renacimiento, siendo ambos mundos representados cada uno de ellos por los personajes de Martin y Steven respectivamente.

Verhoeven contó con Rutger Hauer para dar vida al protagonista principal. Actor y director ya habían trabajado con anterioridad en numerosos proyectos rodados en Países Bajos, por lo que el director supo extraer todas las virtudes interpretativas del inolvidable Roy Batty de Blade Runner (1982), y eso a pesar de que ambos tuvieron sus divergencias por el enfoque tan negativo que Verhoeven tenía del personaje frente a la idea del actor, quien prefería un protagonista con mayor carga positiva. Junto a él la bella Jennifer Jason Leigh, hija y hermana de actores, y que en la década de los ochenta, primeros noventa vivió su época de mayor éxito como musa del cine independiente destacando su personaje de Tralala en Ultima salida Brooklyn (1989) o el de Hedy Carlson en Mujer blanca soltera busca (1992). Hauer y Leigh volverían a coincidir poco después en la angustiosa Carretera al infierno (1986) repitiendo en cierta medida los roles de víctima y verdugo, aunque en Los señores del acero esa víctima representada por la inicial candidez de Agnes muta en uno más de los personajes pérfidos y ególatras de los que hablábamos al comienzo, siendo muy representativa al respecto la secuencia de la violación múltiple de la muchacha a manos de sus captores para, en el momento de llegarle el turno a Martin, acabar siendo prácticamente el soldado quien sea sometido por la joven. Destacar asimismo la presencia en el reparto del español Simon Andreu, portentoso intérprete acostumbrado a participar en rodajes norteamericanos y a desempeñar papeles de carácter, siendo el rostro adusto y la voz firme del actor balear sus principales elementos diferenciadores.

Como director de fotografía nos encontramos con Jan de Bont, colaborador habitual del Verhoeven de su etapa europea, estupendo como creador artístico de imágenes y más limitado en su faceta como director, tarea en la que debutó no obstante con la estupenda con Speed (1994). Destacar asimismo la partitura musical del griego Basil Poledouris, quien compone para la ocasión una pieza que retrotrae nuestra audición a la época medieval en la cual se desarrolla la historia y que encaja perfectamente con ese aire de realismo malsano y sucio que destila la cinta por todos sus poros, demostrando el compositor su capacidad de evocación a través de la música.

Los señores del acero supuso un notable debut de Verhoeven en el cine norteamericano de la mano de Orion Pictures, iniciando una etapa en la cual el director de Robocop (1987) supo mantenerse fiel a su particular estilo de rodaje así como a sus temas preferentes, dando en este caso una obra violenta y erótica a partes iguales, mostrándonos una Edad media transitando hacía la Edad Moderna más cercana a la realidad que otros títulos enclavados dentro del mismo género e inclinados por una versión más edulcorada y heroica de la historia. Esa libertad a la hora de abordar tanto la violencia como el sexo, más propio del cine europeo que del norteamericano, provocaría cierta polémica en torno a la película, quedando claro no obstante otra constante del cine de Verhoeven, y es que siempre ha hecho las películas que ha querido y como ha querido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario