AÑO: 2022
DURACIÓN: 117
DE
QUE VA: Un profesor de
escritura a quien una obesidad mórbida ha condenado a muerte trata de volver a formar
los lazos que le unían a su hija adolescente tras abandonarla hace años después
de enamorarse de uno de sus alumnos.
QUIEN
LA HACE: Darren Aronofsky
vuelve a abordar la cara menos amable del ser humano y de la existencia tras
títulos como Réquiem por un sueño (2000), El luchador (2008) o Cisne negro
(2010), demostrando en el camino su enorme capacidad como director de actores.
En ese sentido la obra de Samuel D.
Hunter, autor igualmente del guion, se antojaba un ejemplo perfecto para el
tipo de cine ejecutado por el cineasta.
QUIEN
LA PROTAGONIZA: Tras
años de forzado ostracismo profesional Brendan Fraser se reconciliaría con el
cine gracias a su soberbia interpretación del protagonista, puntal de la
película y a la que acompañan las actuaciones de unos secundarios igualmente
enormes.
LO QUE MÁS ME GUSTA: Poder repasar visualmente en pantalla una y otra vez la casa en la que Charlie pasa su impedida vida, un escenario único plagado de detalles que convierten este decorado casi en un personaje más. Brendan Fraser enamora en un papel hecho a su medida e interpretado por el intérprete en el momento emocional perfecto.
LO
QUE MENOS ME GUSTA: En
una película sustentada por una colección de interpretaciones magistrales quien
menos me ha convencido es Ty Simpkins en el papel de joven misionero empecinado
en ayudar al personaje de Charlie como modo de purgar su propia penitencia.
EXTRA:
Al ver esta historia
de un hombre empecinado en matarse comiendo no he podido evitar el recordar a un
Nicolas Cage haciendo lo propio en Leaving Las Vegas, aunque sustituyendo la
comida por el alcohol, en ambos casos, una historia de perdedores condenados
desde el inicio de la película.


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