miércoles, 26 de marzo de 2025

9. ROBOCOP

ROBOCOP

Año de Producción: 1987

Duración: 103´

FICHA TÉCNICA

 

Dirección                             Paul Verhoeven                                                      

Guion                                  Edward Neumeier/Michael Miner                                    

Fotografía                           Jost Vacano

Música                                Basil Poledouris

Producción                         Arne Schmidt

INTERPRÉTES

Peter Weller                            Alex Murphy/Robocop
Nancy Allen                             Anne Lewis
Ronny Cox                              Dick Jones
Kurtwood Smith                      Clarence Boddicker
Miguel Ferrer                          Bob Morton
Robert DoQui                          Sargento Warren Reed
Dan O´Herlihy                         Anciano
Ray Wise                                Leon C. Nash
 

SINOPSIS

En un futuro no muy lejano la ciudad de Detroit agoniza ante el avance imparable de una criminalidad que las fuerzas del orden son incapaces de frenar. Es por ello que la Corporación OCP, multinacional que controla la ciudad y que está en pleno proceso de privatización del Departamento de Policía, aprueba la creación de un cyborg mitad robot mitad hombre, para cuya gestación utilizan el cuerpo del agente Alex Murphy, abatido en acto de servicio y en situación de muerte cerebral. Sin embargo, este robot mantiene la memoria y parte de la humanidad del policía asesinado y decide cobrarse venganza de los hombres que acabaron con su vida. 

COMENTARIO

Esta producción dirigida por el holandés Paul Verhoeven alcanzaría tal éxito que le abriría de par en par las puertas de Hollywood, y eso que una vez recibió el guion lo arrojo a la basura. Fue su mujer quien salvo el libreto de la quema y convenció a su marido de las virtudes de la historia. Sin embargo una vez recaló el proyecto en las manos de Verhoeven este paso de ser una prototípica cinta de ciencia ficción que bien podría haber dado lugar a una producción de serie Z vacua y sin personalidad, a erigirse como todo un título de autor a través del cual su director no solo nos ofreció un gran título de ciencia ficción, de hecho uno de los más destacados de la década, sino que además a través de la película  canalizó todas sus filias y fobias  sirviendo de catalizador de una mordaz y ácida crítica a la sociedad norteamericana, la cual acababa de acoger en su seno al director europeo. Hay que destacar también de Robocop que entronca cierto paralelismo con otro clásico del género de la ciencia ficción de los ochenta, Blade Runner (1982), cimentándose esta relación en dos puntos principales, el hecho que el guion de Robocop surgió de la idea plasmada en la película de Ridley Scott y en esa mezcolanza policía-robot así como en el actor que originariamente debería haber dado vida al protagonista de la cinta, un Rutger Hauer que se había dado a conocer internacionalmente gracias a su papel de replicante en la cinta de 1982 y que además era un viejo conocido de Verhoeven, con quien ya había labrado una extensa colaboración en títulos como Delicias Turcas (1973), Eric, oficial de la reina (1977) o Los señores del acero (1985), de la que ya hemos hablado con anterioridad.

En el caso de Robocop y como es habitual en el cine de Verhoeven hay un consciente alejamiento de la violencia estilizada y llena de cabriolas de otro tipo de cintas para mostrar su cara más realista y explícita, algo que se aprecia de manera evidente y contundente en secuencias como la del acribillamiento del ejecutivo por parte de la unidad droide ED209 así como en la escena más recordada de la película, el asesinato a manos de una caterva de furiosos criminales de Murphy, en la cual el director se recrea en el sufrimiento del agente hasta límites cuasi sádicos. Violencia que provocó que la cinta fuera inicialmente clasificada con una X, obligando a sus productores a recortar varias escenas para obtener una recalificación R que posibilitara el estreno de la película en el circuito comercial. Pero tal y como apuntábamos con anterioridad la violencia presentada no existe únicamente a nivel visual, sino que conceptualmente la propia imagen del futuro dibujado es tremendamente pesimista, incidiéndose en esa idea de una sociedad egoísta, violenta y donde el sistema capitalista es llevado al límite de lo humanamente soportable. En ese sentido la cinta de Verhoeven, a pesar de haber sido rodada hace más de treinta y cinco años, no puede estar de mayor actualidad por los paralelismos existentes entre ese supuesto futuro imaginado y la actual situación de coyuntura económica y social, erigiéndose el guion en una especie de oráculo que presagiaba buena parte de los problemas actuales, con la quiebra económica de Detroit incluida. Excelente la aportación de Verhoeven a la hora de incluir los insertos de informativos y anuncios televisivos que esporádicamente salpican el metraje con retazos de apenas unos segundos y es que gracias a estos el director es capaz de dibujar mejor que con carísimas secuencias ese futuro tan nefasto presentado en la película.

Cabe destacar la manera en cómo se invirtió el bajo presupuesto con el que se contó para llevar adelante la producción, y que era de algo menos de diez millones de euros, una modesta cantidad para un film de tamaña envergadura. Es por ello que a la hora de mostrar ese futuro en el cual se desarrolla la historia se dejaron de lado los diseños vanguardistas y estrambóticos optándose por mostrar un futuro cercano, más coetáneo y vulgar en cuanto a escenarios y herramientas. Además, en ningún momento se cita el año en el que se desarrolla la trama, jugándose de esta manera con una ambientación contemporánea y alejada de grandes avances y diseños complejos más allá de pequeños detalles.  De esta manera la película ha logrado apenas envejecer gracias a que fue consciente en su día de sus limitaciones y se alejó de intentar volar más alto de lo que su presupuesto le permitía. Fue en el diseño de Robocop, pieza fundamental del éxito de la película, donde se puso toda la carne en el asador monetariamente hablando, contratándose para ello al genial Rob Bottin, responsable de los excepcionales efectos de La cosa (1982), quien dispuso de setecientos cincuenta mil euros, una porción considerable del importe total manejado, para llevar adelante el diseño y construcción de las diferentes armaduras mostradas en la película, en función del estado que esta presentaba según avanzaba la historia. El diseño del traje además acabaría derivando en unos tonos metalizados y apagados frente a unos bocetos iniciales que apostaban por los brillos y unos tonos más azulados, idea original que sería recuperada para la armadura mostrada en Robocop 2 (1990).  Así, tras numerosos prototipos y pruebas finalmente se dio con el diseño por todos conocidos, fabricado en un látex tratado químicamente para obtener el aspecto metálico que luce y que ocasionaría un verdadero calvario a Peter Weller, quien se dedicó a ensayar con un mimo la manera de moverse y que sería muy limitada por los inconvenientes de vestir la armadura. El protagonista además tenía que dedicar entre dos y tres horas diarias para poder terminar de vestir el traje, perdiendo más de un kilogramo de peso tras cada sesión de trabajo por el calor que sufría en el interior de este y que superaba los cuarenta grados centígrados, obligando a que se instalaran varios ventiladores internos. Todo un cúmulo de quebraderos de cabeza que tuvieron su recompensa para el actor en el hecho de crear el personaje por el que a día de hoy sigue siendo recordado.

Otro de los puntales que es imposible no citar y que engrandecieron aún más Robocop es la soberbia banda sonora de Basil Poledouris, quien una vez más brinda un trabajo sobresaliente que hace de una gran película una obra maestra, demostrando una vez más la capacidad del compositor de potenciar gracias a su aportación todas las cualidades de las películas en las que colabora. Su tema central es de los que cada vez que se escucha consigue emocionar una vez comienzan a sonar los primeros acordes.

Junto a Weller, quien fue elegido debido a que su escasa envergadura le hacía el intérprete idóneo para poder actuar con la armadura puesta, trabajo que le llevaría a abordar la filmación desde una exigencia física notable, sobresale el co protagonismo de Nancy Allen, actriz que durante su relación sentimental con Brian De Palma intervino en tres de sus películas más interesantes, Carrie (1976), Vestida para matar (1980) e Impacto (1971). Por su parte Ronny Cox vuelve a interpretar con una enorme convicción al villano de la cinta mientras que Miguel Ferrer, más conocido por ser primo de George Clooney que por su curriculum como actor, brinda un pequeño pero importante y vital intervención como creador de Robocop.

El tremendo éxito de Robocop posibilitó la realización no solo de una trilogía que, si bien perdió gradualmente las virtudes de la cinta de Verhoeven suavizando especialmente en su tercera entrega el brutal y directo estilo del director holandes, se presenta como un estimable conjunto de películas de ciencia ficción, contando además con una descafeinada serie de televisión así como con la por aquel entonces inevitable serie de dibujos animados que adaptaba, con una evidente reducción de su nivel de violencia, la trama e ideas surgidas a raíz de la película, además de una serie de tebeos entre los que cabría destacar aquellos en los que este personaje se enfrentaba al otro gran tótem de la ciencia ficción de la década, Terminator, así como todo tipo de merchaindising sustentado en la figura de Robocop. Y todo ello gracias a que la mujer de Verhoeven rescató en su día de la papelera un guion estrujado y lanzado al olvido por su marido poco antes.

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