ROBOCOP
Año de Producción: 1987
Duración: 103´
FICHA TÉCNICA
Dirección Paul Verhoeven
Guion Edward Neumeier/Michael Miner
Fotografía Jost Vacano
Música Basil Poledouris
Producción Arne Schmidt
INTERPRÉTES
Nancy Allen Anne Lewis
Ronny Cox Dick Jones
Kurtwood Smith Clarence Boddicker
Miguel Ferrer Bob Morton
Robert DoQui Sargento Warren Reed
Dan O´Herlihy Anciano
Ray Wise Leon C. Nash
SINOPSIS
En un futuro no muy lejano la ciudad de Detroit agoniza ante el avance imparable de una criminalidad que las fuerzas del orden son incapaces de frenar. Es por ello que la Corporación OCP, multinacional que controla la ciudad y que está en pleno proceso de privatización del Departamento de Policía, aprueba la creación de un cyborg mitad robot mitad hombre, para cuya gestación utilizan el cuerpo del agente Alex Murphy, abatido en acto de servicio y en situación de muerte cerebral. Sin embargo, este robot mantiene la memoria y parte de la humanidad del policía asesinado y decide cobrarse venganza de los hombres que acabaron con su vida.
COMENTARIO
Esta producción dirigida por el holandés Paul Verhoeven
alcanzaría tal éxito que le abriría de par en par las puertas de Hollywood, y
eso que una vez recibió el guion lo arrojo a la basura. Fue su mujer quien
salvo el libreto de la quema y convenció a su marido de las virtudes de la
historia. Sin embargo una vez recaló el proyecto en las manos de Verhoeven este
paso de ser una prototípica cinta de ciencia ficción que bien podría haber dado
lugar a una producción de serie Z vacua y sin personalidad, a erigirse como
todo un título de autor a través del cual su director no solo nos ofreció un
gran título de ciencia ficción, de hecho uno de los más destacados de la
década, sino que además a través de la película
canalizó todas sus filias y fobias
sirviendo de catalizador de una mordaz y ácida crítica a la sociedad
norteamericana, la cual acababa de acoger en su seno al director europeo. Hay
que destacar también de Robocop que entronca cierto paralelismo con otro
clásico del género de la ciencia ficción de los ochenta, Blade Runner (1982),
cimentándose esta relación en dos puntos principales, el hecho que el guion de
Robocop surgió de la idea plasmada en la película de Ridley Scott y en esa
mezcolanza policía-robot así como en el actor que originariamente debería haber
dado vida al protagonista de la cinta, un Rutger Hauer que se había dado a conocer
internacionalmente gracias a su papel de replicante en la cinta de 1982 y que
además era un viejo conocido de Verhoeven, con quien ya había labrado una
extensa colaboración en títulos como Delicias Turcas (1973), Eric, oficial de
la reina (1977) o Los señores del acero (1985), de la que ya hemos hablado con
anterioridad.
En el caso de Robocop y como es habitual en el cine de
Verhoeven hay un consciente alejamiento de la violencia estilizada y llena de
cabriolas de otro tipo de cintas para mostrar su cara más realista y explícita,
algo que se aprecia de manera evidente y contundente en secuencias como la del
acribillamiento del ejecutivo por parte de la unidad droide ED209 así como en
la escena más recordada de la película, el asesinato a manos de una caterva de
furiosos criminales de Murphy, en la cual el director se recrea en el
sufrimiento del agente hasta límites cuasi sádicos. Violencia que provocó que
la cinta fuera inicialmente clasificada con una X, obligando a sus productores
a recortar varias escenas para obtener una recalificación R que posibilitara el
estreno de la película en el circuito comercial. Pero tal y como apuntábamos
con anterioridad la violencia presentada no existe únicamente a nivel visual,
sino que conceptualmente la propia imagen del futuro dibujado es tremendamente
pesimista, incidiéndose en esa idea de una sociedad egoísta, violenta y donde
el sistema capitalista es llevado al límite de lo humanamente soportable. En
ese sentido la cinta de Verhoeven, a pesar de haber sido rodada hace más de
treinta y cinco años, no puede estar de mayor actualidad por los paralelismos
existentes entre ese supuesto futuro imaginado y la actual situación de
coyuntura económica y social, erigiéndose el guion en una especie de oráculo
que presagiaba buena parte de los problemas actuales, con la quiebra económica
de Detroit incluida. Excelente la aportación de Verhoeven a la hora de incluir
los insertos de informativos y anuncios televisivos que esporádicamente
salpican el metraje con retazos de apenas unos segundos y es que gracias a
estos el director es capaz de dibujar mejor que con carísimas secuencias ese
futuro tan nefasto presentado en la película.
Cabe destacar la manera en cómo se invirtió el bajo
presupuesto con el que se contó para llevar adelante la producción, y que era
de algo menos de diez millones de euros, una modesta cantidad para un film de
tamaña envergadura. Es por ello que a la hora de mostrar ese futuro en el cual
se desarrolla la historia se dejaron de lado los diseños vanguardistas y
estrambóticos optándose por mostrar un futuro cercano, más coetáneo y vulgar en
cuanto a escenarios y herramientas. Además, en ningún momento se cita el año en
el que se desarrolla la trama, jugándose de esta manera con una ambientación
contemporánea y alejada de grandes avances y diseños complejos más allá de
pequeños detalles. De esta manera la
película ha logrado apenas envejecer gracias a que fue consciente en su día de
sus limitaciones y se alejó de intentar volar más alto de lo que su presupuesto
le permitía. Fue en el diseño de Robocop, pieza fundamental del éxito de la
película, donde se puso toda la carne en el asador monetariamente hablando,
contratándose para ello al genial Rob Bottin, responsable de los excepcionales
efectos de La cosa (1982), quien dispuso de setecientos cincuenta mil euros,
una porción considerable del importe total manejado, para llevar adelante el
diseño y construcción de las diferentes armaduras mostradas en la película, en
función del estado que esta presentaba según avanzaba la historia. El diseño
del traje además acabaría derivando en unos tonos metalizados y apagados frente
a unos bocetos iniciales que apostaban por los brillos y unos tonos más
azulados, idea original que sería recuperada para la armadura mostrada en
Robocop 2 (1990). Así, tras numerosos
prototipos y pruebas finalmente se dio con el diseño por todos conocidos,
fabricado en un látex tratado químicamente para obtener el aspecto metálico que
luce y que ocasionaría un verdadero calvario a Peter Weller, quien se dedicó a
ensayar con un mimo la manera de moverse y que sería muy limitada por los
inconvenientes de vestir la armadura. El protagonista además tenía que dedicar
entre dos y tres horas diarias para poder terminar de vestir el traje,
perdiendo más de un kilogramo de peso tras cada sesión de trabajo por el calor
que sufría en el interior de este y que superaba los cuarenta grados
centígrados, obligando a que se instalaran varios ventiladores internos. Todo
un cúmulo de quebraderos de cabeza que tuvieron su recompensa para el actor en
el hecho de crear el personaje por el que a día de hoy sigue siendo recordado.
Otro de los puntales que es imposible no citar y que
engrandecieron aún más Robocop es la soberbia banda sonora de Basil Poledouris,
quien una vez más brinda un trabajo sobresaliente que hace de una gran película
una obra maestra, demostrando una vez más la capacidad del compositor de
potenciar gracias a su aportación todas las cualidades de las películas en las
que colabora. Su tema central es de los que cada vez que se escucha consigue
emocionar una vez comienzan a sonar los primeros acordes.
Junto a Weller, quien fue elegido debido a que su escasa envergadura le hacía el intérprete idóneo para poder actuar con la armadura puesta, trabajo que le llevaría a abordar la filmación desde una exigencia física notable, sobresale el co protagonismo de Nancy Allen, actriz que durante su relación sentimental con Brian De Palma intervino en tres de sus películas más interesantes, Carrie (1976), Vestida para matar (1980) e Impacto (1971). Por su parte Ronny Cox vuelve a interpretar con una enorme convicción al villano de la cinta mientras que Miguel Ferrer, más conocido por ser primo de George Clooney que por su curriculum como actor, brinda un pequeño pero importante y vital intervención como creador de Robocop.
El tremendo éxito de Robocop posibilitó la realización no solo de una trilogía que, si bien perdió gradualmente las virtudes de la cinta de Verhoeven suavizando especialmente en su tercera entrega el brutal y directo estilo del director holandes, se presenta como un estimable conjunto de películas de ciencia ficción, contando además con una descafeinada serie de televisión así como con la por aquel entonces inevitable serie de dibujos animados que adaptaba, con una evidente reducción de su nivel de violencia, la trama e ideas surgidas a raíz de la película, además de una serie de tebeos entre los que cabría destacar aquellos en los que este personaje se enfrentaba al otro gran tótem de la ciencia ficción de la década, Terminator, así como todo tipo de merchaindising sustentado en la figura de Robocop. Y todo ello gracias a que la mujer de Verhoeven rescató en su día de la papelera un guion estrujado y lanzado al olvido por su marido poco antes.
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