ANORA, ¿LA NUEVA SHOWGIRLS?
Anora se ha convertido en la gran
triunfadora de los Oscar 2025 al hacerse con los galardones a Mejor Película,
Dirección, Actriz Principal, Guion Original y Montaje amen de haber ganado la
Palma de Oro en el Festival de Cannes entre otros galardones. La película de
Sean Baker, un atinado coctel de drama, comedia y crítica social, ha sido por ello
analizada, criticada y abordada desde todos los puntos de vista, aunque todavía
no he leído ningún reporte que aborde una idea que a mí me ha venido a la
cabeza tras visionar la cinta, y que versa sobre las similitudes entre una de
las mejores películas estrenadas en 2024 y un título estrenado tres décadas atrás,
Showgirls, según la crítica y el público del momento, uno de los peores
trabajos cinematográficos que vieron la luz en 1995, una idea de la que por
cierto difiero, posiblemente por mi pasión por el cine de Verhoeven. Tratemos
de justificar esta comparativa.
Ambas películas están protagonizadas
por personajes femeninos de una fuerza y determinación muy marcada, auténticas
luchadoras que no se dejan amedrentar en un mundo que devora a las mujeres como
ellas. Y aquí no hay lugar a dudas que el personaje dibujado por Baker e
interpretado magistralmente por Mikey Madison
en una actuación plagada de matices está a años luz de la Nomi Malone marcada
por la sobreactuación que Elizabeth Berkley ejecuta en su interpretación, y que
aunque va en línea con ese estilo hiperbólico conscientemente buscado por
Verhoeven en su película, es evidente está sujeta a las propias carencias
dramáticas de Elizabeth Berkley así como a las limitaciones como escritor de un
Joe Eszterhas que alcanzaría el Olimpo como guionista gracias a su trabajo en
Instinto Básico, una película que cabe recordar tiene la base de su éxito no en
el manido libreto de Eszterhas sino en la magistral puesta en escena de
Verhoeven. En ambos casos además hay una coincidencia entre ambos personajes ligado
a su trabajo como bailarinas eróticas de lap dance, instantes en los que son
ellas quienes por la característica de esta práctica sexual creen tener el
control de la situación no pudiendo estar más equivocadas.
Tanto Anora como Showgirls nos cuentan
en parte la misma historia, una perversión de ese cuento de la dama en apuros
que encuentra a lo que parece ser un príncipe azul que la salve de un destino
desesperanzador, siendo en ambos casos ese personaje masculino un fraude que lo
único que busca es aprovecharse de las dos protagonistas, en el caso de Vanya,
el adinerado hijo de un oligarca ruso en Anora a través de su dinero y en el
supuesto de Zack, quien puede convertir en estrella a Nomi en Showgirls
mediante su poder. De esta forma podemos ver que tanto Anora como Nomi, a pesar
de creer y tratar de hacer creer son personajes con una enorme fuerza,
independencia y que no se dejan pisar ni amedrentar por nadie, acaban mostrando
una enorme fragilidad, estando en todo momento, y aunque ellas crean lo
contrario, a merced de los diferentes personajes que van encontrándose con
ellas en su camino. Solo en el caso de las dos buenas amigas de ambas
protagonistas se dibuja un poco de luz entre una caterva de figuras egoístas que
lo único que hacen es aprovecharse de la vulnerabilidad de Anora y Nomi, aunque
hay que decir que en el caso de la primera también podemos ver como el
personaje de Igor muestra compasión por la protagonista.
Y a la hora de buscar paralelismos
entre dos títulos en apariencia tan antagónicos podemos finalizar con el propio
camino recorrido por las dos jóvenes en ambas películas, donde vemos como, tras
llegar ambas a tocar el éxito con la punta de los dedos atisbando una
posibilidad de poder dejar atrás una vida sobre la que no tienen ningún tipo de
control y que las está devorando, acaban en los dos casos en el mismo punto de
partida donde comenzaron ambas películas, Nomi haciendo autostop está vez para
abandonar Las Vegas y Anora frente a las escaleras que conducen de nuevo a su
casa.
Y si bien hemos detectado entre ambos títulos las semejanzas hasta ahora citadas, cabe reconocer se trata a la vez de dos películas muy diferentes entre sí, y así, tenemos de una parte a un Sean Baker que, aunque por momentos juega con la comedia, está más centrado en la crítica social más desazonada con una Anora mostrando toda su vulnerabilidad en la emotiva escena de cierre, mientras que Verhoeven, como haría posteriormente en Starship Troopers, esconde su propia crítica a la sociedad del momento, que sigue hoy día siendo la misma que hace tres décadas, entre la hipérbole, la exageración y la aparente simplicidad narrativa. Y eso hace que mientras Anora es un personaje con mayúsculas, lleno de matices y registros, el de Nomi acaba siendo una más de las caricaturas que pueblan ese retrato descarnado de auge y caída que es Showgirls. Lo que no quita que esa Nomi Malone que trataba de hacerse un hueco como bailarina en los grandes casinos de la competitiva Las Vegas haría muy buenas migas con esta Ani Mikheeva que solo quería emular al personaje de Julia Roberts en Pretty woman encontrando a su príncipe azul entre una cohorte de canallas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario